jueves, 3 de abril de 2025

La cabaña

Cuan extraño es volver a esta cabaña que alguna vez fue el refugio para escaparnos de todo, despellejándonos de la rutina y los correos del trabajo enviados con prioridad alta.

Ahora la casa se encuentra vacía, 

con sus habitaciones vacías,

la cava está  vacía, 

la cama está vacía, 

todos los rincones vacíos, 

envueltos en telarañas y pequeños bichitos de las formas más extrañas que caminan por los recovecos de la madera que se va pudriendo cada día, sumándose a ese vacío para hacerlo más sólido y tangible.


Me despierto tarde sin poner el despertador para evitar tener conciencia del tiempo que se hace eterno, pero al segundo siguiente ya se fue el día sin haber concretado ninguno de los planes escritos en las notas del teléfono.


Desayuno un par de huevos con tortilla viendo las copas de los árboles. Siento el movimiento del planeta girar sobre su propio eje y yo meciéndome en ese avanzar como un péndulo que flota en el aire lentamente. El perrito está conmigo, el perrito a veces ladra, de seguro cree escucharte venir desde la habitación hacia la cocina, o saliendo del baño hacia el comedor, o caminado por fuera de la casa mirando los peumos plantados y que ya no veremos crecer. De seguro te extraña, a veces mueve los ojos y sus patillas suavemente sumido en el más profundo de los sueños. 


Y a veces yo también siento una presencia que me acompaña, un crujir de la madera que se expande y contrae con el calor de la tarde, y trato de convencerme de que es solo el viento o algún ratoncillo que no pescó el veneno detrás del mueble de la cocina. 


Sobre todo en las noches cuando trato de poner la música más fuerte en el parlante portátil para evitar escuchar pasos, o que se cierre una puerta de pronto, o que se mueva un platillo de lugar. Pero a veces pienso que sí, que algo de ti quedó aquí en la cabaña, mucho antes de que se llenara de una hiedra que cubriera y empezara a carcomerla. Tal vez es el recuerdo que toma forma, pero el recuerdo de los buenos momentos, de las risas y no de los llantos, de los abrazos y no de la indiferencia, del amor y no de la traición, de soñar en conjunto un futuro conmigo y no con alguien más, cuando yo era tu mundo entero y este nuestro refugio secreto.


Y entonces decido aceptar ese recuerdo palpable y pongo una canción para evocarlo. La noche es fresca y agradable, tomo un vino tinto que compré en el negocio del pueblo más cercano, me sirvo una copa y brindo por un futuro incierto mientras bailo un vals inventado contigo pero sin ti, abrazados pero en solitario, besando una mejilla que no existe ni volverá a existir, creyendo sentir unas manos que me acarician la cara, secando una pequeña lágrima que no se seca del todo y cae en silencio en el piso resquebrajado de esta cabaña abandonada. 





lunes, 31 de marzo de 2025

Arcadia



Quisiera dejar de desear la presencia de alguien más, omitiendo la necesidad de diluirme en un otro para así caminar solitario por este bosque que podría ser Arcadia y yo un elfo pequeñito en búsqueda de portales mágicos hacia otras dimensiones. Decido entonces soltar una mano imaginaria que coge la mía para guiarme entre la niebla y paso a encaminarme sin un rumbo claro, pero moldeando un sendero planteado desde mi perspectiva. 

Eso es lo que importa en esta alegoría. Trasmutar el todo y la nada al mismo tiempo, pero poniendo en el centro de la galaxia a la nada, para enaltecerla y celebrarla, porque qué sería de uno mismo sin esa nada, sin los vacíos que existen para ser llenados por cualquier ínfima cosa como una planta, un libro de terror o el sabor de una copa de Cabernet Franc servida un domingo por la tarde mirando el cielo desde la terraza.

Habito ahora ese espacio que existe de silencio y carencia, rasguñándolo con mis propias manos vacías (nuevamente) pero queriendo llenarlo con el más puro de los deseos, el que se forja internamente, para salvar el alma perdida de una vida a oscuras, contrariando al destino que parece sombrío para llenar todo de luz, plumas y lentejuelas. 

De nuevo la nada y el todo, de nuevo sigo caminando a cuestas en este bosque en solitario en penumbras y yo ya no soy yo, dejo de lado mi esencia y soy ahora eso que es nada y todo a la vez, lo muerto que da vida y vuelve a morir nuevamente:

Un tronco carcomido por el moho;

Una rama que alza sus brazos resquebrajados hacia el cielo;

Las pelusillas que sueltan los nothofagus durante las tardes de febrero;

La roca que está en el fondo del estero renegado para ser erosionada por lo siglos de la turbulencia de su caudal. 

Cuando ya casi me encuentro al borde del bosque, ese lugar que separa en una delgada línea el tiempo y el espacio, tomo por fin una pausa. Cojo aire de una bocanada y miro hacia atrás en este camino que he recorrido. No dejé migas de pan en el trayecto, para que nadie pudiera encontrarme, pero también para olvidar el rastro del retorno de la que alguna vez fue mi casa, porque ahora el destino está hacia adelante, 

o hacia abajo 

o hacia arriba

o hacia atrás 

o en cualquier dirección siempre que vaya avanzando a mi propio ritmo. 

martes, 18 de marzo de 2025

Apagón


Cómo fue esto que va sucediendo

entender el principio del big bang

el momento exacto de la implosión

cuando el armazón de la cápsula temblaba 

y estaba a punto de colapsar sobre sí misma

como un corazón arrugándose e infartándose 

despedazándose en sus válvulas 

en sus atrios, ventrículos y coronarias.


Deseas ver una estrella fugaz que surque el cielo

en medio de esta noche oscura y tenebrosa 

volver a ser un niño

proyectando deseos en el cosmos 

atrayendo angelitos de colores.


Y los recuerdos de tiempos mejores 

se van encerrando en los más impenetrables calabozos

de una tripa del cerebro 

y de a poco se van desbloqueando 

renaciendo algunos temores 

aflorando como nunca la rabia 

ganando como siempre la melancolía.


Creías tenerlo resuelto todo 

y resulta que el futuro está enmarañado.

Tu desafío ahora es desenredar los cables

cortarlos si es necesario 

para enchufarte los audífonos en los oídos 

y poner una canción que represente

tu sentir en este momento 

pero que también coincida con el ritmo de tu caminar

al salir del metro en hora punta. 


Te maquillas así la cara

te pones tu kimono 

ves tu reflejo en la ventana de la terraza 

contrastándose con las luces de la ciudad 

en esta noche extraña de fines de febrero

antes de un apagón en el país entero. 

viernes, 28 de febrero de 2025

Ciclovía Antonio Varas

Pedalea rápido, los más fuerte que puedas, ya no hay retorno en esta ciclovía estrecha de Providencia, es peligroso frenar sin que se te vengan los ciclistas furiosos encima. 


Decidiste dejar atrás Darío Urzúa, la calle que cuando joven soñaste con que fuera tu calle, el lugar donde querías algún día formar un hogar, para recorrer sus veredas en las tardes cálidas de enero luego de una jornada agotadora en la oficina, paseando al perrito, preguntándose qué pedir para la cena (si chinos o Thai o árabe). Y en un abrir y cerrar de ojos la calle fue todo eso y mucho más, imposible describir lo que su asfalto significó en la historia de tu vida. 


¿Cuantos centímetros crecieron durante esa década sus plátanos orientales? 


Preguntas que ahora te haces mientras pedaleas alejándote a toda velocidad. Se despidieron en la esquina, el perrito iba en brazos, él hacia tu antigua casa, tú hacia tu nuevo hogar sin mirar atrás, porque ya se ha dicho y explicado todo; los automóviles de la escuela de conductores virando en el cruce; los semáforos cambiando de colores; tus antiguos vecinos volviendo a sus departamentos.


¿Qué nos deparará la vida ahora, qué callejones recorreremos por separado, en este laberíntico ir y venir de los días, en esta ciudad que nos inhala y exhala, que nos bebe y luego nos transpira, observándonos desde lejos, adivinando nuestras habitaciones a la distancia, imaginando tu silueta que se asoma a la terraza del departamento una tarde de un día lunes, regando las plantas o barriendo el piso o preparando una cena improvisada para uno?


Porque ahora valen más esos pequeños momentos frágiles y quebradizos, que esperas se vayan solidificando como silicona que se petrifica y pega todo lo que se ha fragmentado, para juntar nuevos recuerdos y conversaciones, de un día que otra vez sale arrancado del calendario, hoy es domingo, mañana es febrero, casi año nuevo chino y este sí que será tu año.


Pedaleas dejando esa vida atrás, tus recuerdos quedaron guardados en una caja que se irá a la bodega y luego de muchos años será olvidada en un tarro de basura que esperemos sea reciclado. La luz del atardecer de este día caluroso de verano se despide detrás de los edificios de Ñuñoa, la brisa es suave pero refresca y sigues pedaleando cada vez más fuerte, sin detenerte, así las lágrimas se secan más rápido de tus mejillas.