domingo, 1 de abril de 2018

Cartas a Horacio IX

Es tan retorcido cuando los clones de las calles, sin si quiera percatarse de tu existencia, te consideran y exclaman:


“Oh, pero qué elocuente vas en estos circuitos!”


Y yo interpreto: No chuchuques, parásito con tres escamas rotas.


domingo, 11 de marzo de 2018

Cartas a Horacio VIII

Estoy reverberando sin parar esa consonante que tanto me asemeja a ti…

domingo, 28 de enero de 2018

Cartas a Horacio VII

En los días como hoy, cuando las tormentas duran un siglo entero y el viento acecha sin declive, pienso en que estarías haciendo  tú, Horacio, si hubieras observado el sol desde este lado del universo. Si hubieras ido a tus labores como todos los días, o hubieses inventado una excluyente para quedarte en tu cápsula, acostado, leyendo esas cosas que escriben los otros muchos que fueron como tú. Cualquiera de esas cosas pequeñas, sin pensar nunca en mí, ni en cómo serían mis rotaciones sin nunca poder alcanzarte.








jueves, 21 de diciembre de 2017

Cartas a Horacio VI

Déjame contarte algo. 

Todos los que nacemos en este planeta, crecemos con una anémona interna que va entre las branquias y el tuétano. Los novelinos nos dicen que es porque allí pueden controlar el alma y las mitocondrias.

Nadie sabe con certeza porqué están allí, pero todos debemos librarnos de la anémona en el transcurso de la longevidad. Los más sofisticados dicen que las cargamos por consecuencia de actos pasados, de una vida que no podemos recordar. 

La iniciativa es perder la anémona una vez se es criatura responsable. Los que no pueden zafarse de ella, me han dicho , Horacio, que se la pasan cojonudo y tienen que guardarlos en refugios para discapacitantes. 

Marina 247 me dice que a esos mismos los transforman con iones refractantes en las anémonas de las asistentes grávidas cuando las vacunan.

Yo a decir verdad no me di cuenta cuando perdí la anémona. Situación extraña, muy extraña. 

A veces en las noches escucho el zumbido de una matacuescos en la cabeza, y se me acelera el timo. 

Me parece un terror de aquellos darme cuenta que la anémona todavía esté en mi tuétano, bien pegadita ahí dentro.




lunes, 13 de noviembre de 2017

Cartas a Horacio V

En labores  estaba, como todos los años que van sucediéndome. Estaba medicando una eyectable endomuscular a la larva de una asistente, mientras el bim bam bum de una maquinaria me alertó. Era el menester cotidiano.

Todos me miraban sin creer que era capaz de lograr semejante hazaña, pequeño joven sin carácter.

"Fuimos todo lo que quisimos ser" me enseñaste, yo que llevo milenios en este lugar, tú en un suspiro del tiempo llegaste a ser así tan Horacio cómo eres tú, sin preocuparte por los tentáculos de los demás.

Dejé a la pequeña larva en su cápsula, sonreí las dos bocas a la asistente, ella me devolvió una observación de comprendida. El bim bam bum se silenció.


Decidí volver desconectado y flotando un buen rato hasta mi cápsula.




sábado, 28 de octubre de 2017

Cartas a Horacio IV

Sin necesidad de escenografía, te vi en un evento bioquímico cerebral, de esos que llamas sueño . 

Y en el sueño te vi Horacio, de la mano de alguien más, con un artefacto que llamabas coche, con una larva que llamabas hijo, saliendo de un establecimiento que llamabas supermercado . Y el hijo llevaba por nombre mi número de identificación. Te veías tan feliz, sonriendo con esa única boca que tienes .

Tan extraño .

Tan extraño que me desperté en medio de la tercera noche tras el equinoccio. Miré hacia el centro de nuestra galaxia, hacia ese ángulo donde se supone que tuviste que existir. Juro que vi titilar una luz tenue en el cielo.

lunes, 9 de octubre de 2017

Cartas a Horacio III


Ayer me acorde de ti, Horacio . Desayuné cocodrilos con salsa de choficurnias.



domingo, 24 de septiembre de 2017

Cartas a Horacio II

Nunca se me han secado tanto los ojos . Cuesta llorar bien temprano en la mañana , uno siempre tiene las cabezas en otra parte.
Ahora acostumbro a pasarme el día en batallas de castillos, salvando de las ruinas a la gente pobre de un pueblo antiguo. Dicen que en la antigüedad cazaban sus propios alimentos. Gracioso es tener que buscar para sobrevivir. 
Hay días en los que solo me meto a una escena de esos bosques que me muestras en tus fotografías, Horacio. Como si esos recuerdos fueran míos, como si en este planeta hubiesen árboles y hojas y ardillas y todas esas cosas que puedes encontrar en las escenas de un bosque. 
Y eso es de lo que finalmente me consigo convencer en un período  de 67 años: que esos recuerdos de Horacio son míos, toda una vida en esa escena del bosque, sin nadie, apreciando el color que llamas verde, con el sonido de lo que llamas viento.
A veces imagino, Horacio, que llegas a ese bosque y yo soy como esos seres extraños que vivían contigo en ese lugar, parado en dos pies (qué gracioso sería) y con solo dos brazos. Y con esos solo dos brazos te envolvería, y yo a eso le llamaría "abrazo". Darte un gran "abrazo". Solo con la idea de sentirte se me levantan las escamas.
Luego ya sería mucho fichaje perdido para solo una escena y me saldría del montaje. No tengo tanto esfuerzo para gastar. 
A la mañana siguiente se me secan los ojos nuevamente.