jueves, 31 de diciembre de 2009
jueves, 24 de diciembre de 2009
trabajólica
Llegó cansada a su casa luego de una agotadora jornada de trabajo. Lanzó el abrigo sobre el sillón del living, se sacó el pinche y soltó su largo cabello negro ondulado sobre sus hombros. Se sacó el taco derecho con ayuda del pie izquierdo y procedió a hacer lo mismo con el otro pie. Caminó descalza hasta la puerta de su pieza que había dejado abierta en la mañana antes de irse al trabajo. No supo muy bien por qué no le sorprendió aquello si vivía sola desde los dieciocho y se sentía sola desde los nueve. Comenzó a desabotonar su blusa lentamente pensando en lo que le había dicho su jefe ese día, que si no llegaban a los doscientos millones ese mes que mejor te vayas buscando otro trabajo. Conoces muy bien el perfil de trabajadores que necesita esta empresa: personas eficaces y eficientes que sean capaces de cumplir sus objetivos con los menores errores posibles. Creo que se te ha olvidado eso porque error es tu segundo nombre. Camila Errores Canales Salas. Camila ERRORES Canales Salas. Te los he perdonado un par de veces pero eso ya no va a ocurrir.
Ya desnuda en su cama recuerda lentamente como suena su computador en la oficina cuando va lento. Siempre tiene miedo de que se le quede pegado y tenga que reiniciarlo sin haber antes guardado la información que llevaba escrita y se vea en la obligación de escribirlo todo de nuevo. Sería un fastidio. Pone una mano sobre su pecho y le dice al oído que ya le ha perdonado muchos errores, ya te he dado muchas oportunidades. Sin embargo, sigues trabajando para la empresa. Será porque me dejas tocarte cuando quiero o será porque tengo una esperanza de que nos sorprenderás a todos con una venta millonaria que nos hará comernos las palabras que murmuramos cuando te das vuelta y no puedes escucharnos. Yo creo que más por lo primero, jefecito. Nunca fui muy inteligente, nunca me fue bien en el colegio, menos en la universidad, ni entendía mucho de números, ni de ciencias ni de rimas. Creo que no era buena en nada, pero siempre pude encontrar una manera de pasar loscursos y que me aprobaran. Suerte creo que se llama. Ahora no me gustaría dejar mi trabajo, pensaba desnuda en su cama con un poco de calor. Las ventanas habían permanecido cerradas todo el día. No quiero dejar mi trabajo porque gano dinero suficiente como para sobrevivir y le pone una mano bajo la faldita. Quiero permanecer en este trabajo, prometo llegar a ser más eficante y eficidora. Eficaz y eficiente querrás decir y le besa el cuello. Eso que usted dice, jefecito y le mete la mano bajo la camisa que le queda grande.
Esta será la última vez que te perdono niña mala y le muerde suavemente una oreja. Ella sonríe (esa tarde) sobre la mesa de su jefe y también (ahora de noche) sobre su cama desnuda mirando el techo. Llegarás a ser una gran mujer le había dicho. Eso mismo venía pensado desde los nueve.
domingo, 20 de diciembre de 2009
sábado, 26 de septiembre de 2009
sesión cerrada
Silencio, ausencia y un perro pateando la puerta. Todo ha sido extraño hoy, hoy todo ha sido extraño, ¿o no Isabel? ¿No te parece que el día pasó más rápido y el sol no se demoró tanto como ayer en esconderse detrás de los cerros? Quizá para ti todo va normal, todo va perfecto.
Pero no. No va perfecto. Tú que te sientas frente a la pantalla y te desconectas del mundo y ni el sol, ni los días, ni mi voz diciéndote cosas existen para ti. Tú estás allá, bien lejos de aquí. Y allá todo va perfecto. Todo sigue su ritmo y no desentona. Allá las cosas aparecen con un doble click y desaparecen con el botón derecho o suprimir. Allá te mueves deslizando un dedo y todo luce tan normal. Porque en tus fotos todo se ve normal, todo se ve gracioso (aunque en silencio). Pero acá no es tan así, Isabel. Acá las personas se mueven, se mueven igual que el planeta (Acaso no escuchas al perro, el perro sigue pateando la puerta) (¿no lo oyes?, click ¿no lo escuchas? click click, está pateando, click, está ladrando, click , está llorando, click click, guau guau). Es cierto, es verdad, aunque a ti no te guste y te hagas la indiferente. Las cosas están allá afuera y no allí adentro donde te pierdes ¿es que acaso no me puedes escuchas Isabel? Te estoy hablando, click, te estoy mirando click, te estoy perdiendo, click click. Te veo con las pupilas dilatadas, con los labios cerrados y el rostro iluminado por ese resplandor titubeante. Y lo miras como si te hablara, como si las fotos se movieran y te dijeran cosas importantes pero no, no te dicen nada.
Yo sé que esta noche te irás tarde a la cama. Como anoche y antes de anoche también. Pero te seguiré esperando igual que anoche y antes de anoche también. Te esperaré a que vuelvas de tu viaje de allá donde las personas son cuadraditos, los recuerdos son fotografías, las palabras son toques en el teclado y las caricias movimientos en el mouse.
Te quiero Isabel, y te extraño, donde quiera que andes. Donde quiera que vueles. Donde quiera que hagas doble click. Pero creo que cada noche te siento más ausente, porque cada noche vuelves a la cama más tarde y te duermes de un tirón. Ya ni me abrazas.
Sé que allá los recuerdos se guardan en bytes y en carpetas en un disco duro. Acá no podemos hacer eso. Acá el pasado se va y se pierde lentamente en el tiempo. Quizá por eso te gusta tanto viajar hasta allá. Porque cuando quieres recordar un momento, entonces abres una carpeta y ya está. Pero entonces, ¿Cómo pretendes extrañar a ninguno? Y para olvidarte de alguien solo debes borrar la carpeta donde dice su nombre. Espero que la que dice mi nombre aún esté en tu escritorio. No me olvides, Isabel. No me olvides. Ponme de protector de pantalla y no me olvides… ahí está de nuevo, sigue pateando. ¿No lo oyes verdad? Debes estar bajando tus archivos, debes estar preparando tu presentación con diapositivas para mañana a las cuatro con tus compañeros de trabajo. Debes estar comentando en las fotos de tus amigos sobre lo bien que van las cosas en su mundo. Por eso no lo escuchas. No lo escuches, entonces, no, importa, mucho, es, solo, un, perro. Y no me enojo, Isabel, para nada. Me acuerdo de tus besos y no me enojo. Hago doble click sobre la carpeta de tus abrazos y no me enojo. Actualizo muchas veces la página de tus te-quiero y no, no me enojo. Leo el documento de cuando nos conocimos y con eso basta. ¿Te acuerdas, Isabel? Yo siempre lo hago.
Estábamos tan solos, tan lejos el uno del otro. Pero siempre esperándonos, siempre soñándonos. Hasta que decidiste conectarte a mi vida e iniciamos sesión juntos a esta página web interesante que es nuestra relación.
A veces me pregunto, qué pasaría si un día cuando vuelvas de tu presentación con diapositivas ya no tengas tu cajita y no puedas entonces volar. ¿Qué harás, Isabel? ¿Verás que acá no todo va tan bien? ¿Te darás cuenta que los días pasan más rápido y volverás a la cama más temprano?
Te pregunto eso no de malvado, sólo por curiosidad. Solo para saber lo que piensas y sentirte de alguna manera presente. Porque todo se ve tan solo aquí en la casa cuando vuelas, Isabel. Cuando te domina, cuando te atrapa y te lleva. Intento ayudarte pero es en vano. Veo cómo la luz de la pantalla ilumina ya toda tu cara, ya todo tu cuerpo, ya toda la habitación. Sí, toda la habitación. Es un fulgor encandilante, pero aún así distingo tus labios suaves, y tus ojos suaves, y tus manos suaves también, en medio de todo ese esplendor. Yo te grito. Yo te ladro. Y la cabeza se te mete en la pantalla. Así como suena es la verdad. Se te mete y te lleva como una aspiradora (tú eres la pelusa). Miro cómo tus piernas se meten en la cajita y ni pataleas, Isabel. Estás tranquila, supongo que no te importa.
El perro patea. El perro ladra afuera de la puerta. Pero tú no escuchas, Isabel, porque las puntitas de los deditos de tus piececitos ya se han metido en la pantalla. Yo mismo veo cómo todo eso pasa y la luz se apaga. Entonces, todo oscuro, todo en silencio, ni un ruido, ni el tic-tac del reloj se oye. Y así se queda, Isabel, todo tranquilo.
Ahora ya no estás aquí.
Ahora estás allá.
Ahora estás en la papelera de reciclaje, en una fotografía subida a internet, click, en tus historiales de conversación hasta las tres de la madrugada, click, en todos los lugares menos aquí. Y el perro, Isabel, el perro, ya echó la puerta abajo y se metió en la casa, click. Ya no ladra, Isabel, click, pero creo que te extraña, click click
lunes, 24 de agosto de 2009
jueves, 6 de agosto de 2009
Ironía de Verano
Ese día no llovió, pero ojalá hubiese llovido para que mi mamá hubiera pensado que tenía gotas de agua en la cara y no lágrimas por haber visto a su marido de la mano con otra chica afuera del banco
miércoles, 5 de agosto de 2009
miércoles, 29 de julio de 2009
con hojas cayendo, hojas en el suelo, hojas crujiendo.
Me supo a salsa de chocolate sobre un helado de melón,
con pedazos de fruta alrededor del helado: un gran helado.
Me supo a tres canciones una noche antes del nuevo año,
a papas fritas, ramitas y a piña con champagne o a champagne con piña según cómo te lo sirvan.
Me supo a gotas de lluvia en tu cara, cayendo en la comisura de tus labios
donde solo yo te beso, donde sólo yo te beso.
Tenía sabor a doscientos pesos en Harina, para mezclarla con dos huevos, limón rayado =>walá! un queque (faltó la margarina).
Me supo a una noche fría de invierno caminando a tu lado silbando como pajarito,
saliendo de un cine pequeño donde pasan películas extrañas por quinientos pesos.
Me supo a sueño, a un poema en un sueño, a un poema sin terminar en un sueño, en un sueño sin terminar.
a poema sin rima
a gallina con dientes andando en skate
a una esperanza aliñada con tres pizcas de ilusión
y una cucharada de sinceridad.
Porque al tratar de volver a saborearlo para dejarlo un rato más en la boca,
despojarlo de sus vestimentas con los colmillos
y tratar de procesarlo mejor con las papilas gustativas,
ya se había ido, ya lo habían envuelto y enviado a domicilio.
Su ausencia me supo más dulce de lo que esperaba.
