miércoles, 16 de septiembre de 2026

Magia caduca

La magia ocurre con J.C. cuando, de la nada, te propone ir al cine justamente a ver la película que tenías en mente, después de que habías decretado que ese fin de semana irías acompañado o, de lo contrario, tendrías una nueva cita en solitario contigo mismo y tus múltiples identidades. J.C. se cree de lo más valiente, pero se asusta de verdad con las películas de terror, excusa perfecta para tomarse de la mano y acariciarse en secreto, rompiendo por fin, después de veinte años, la maldición de aquella cita frustrada de Aguas turbias.


Quedarse juntos después en tu departamento y pedir comida india, se suma al torbellino de primeras veces que ha significado este último año.


Te gusta su voz ronca y su risa espontánea. Calculas la alta probabilidad de haberse cruzado alguna vez en una micro, una calle o algún paradero de la Gran Avenida, considerando todas esas pequeñas coincidencias que fueron apareciendo durante aquella noche de domingo.


Pero, por lejos, lo mejor de J.C. son sus besos. Sus labios entre las sábanas y los cojines recién comprados. Abrazarse en la madrugada, volver a besarse hasta el amanecer y luchar contra la temible alarma que anuncia que hay que irse a la pega.


Salen juntos del edificio en una mañana idílica y un poco metafísica, como sacada de un cuadro de Dalí. Se despiden en Irarrázaval, en direcciones distintas. Lo miras desde el otro andén antes de que un carro del metro lo absorba y te lo arrebate.


Piensas en sus labios, en las galletas del desayuno y en si volverán a encontrarse algún día para ver películas de terror aún no estrenadas, descargadas desde alguna plataforma de dudosa procedencia. Piensas todo eso mientras escuchas Britney camino al trabajo, con una sonrisa imposible de borrar y que todos notan en la reunión de los lunes, 


Lástima que, tres Doritos después, en la cita siguiente, J.C. llegue de un after claramente empastillado e intente empujarte a asumir un rol en la cama que no te acomoda del todo (o que todavía estás tratando de entender). Así es como la magia con J.C. se acaba, casi tan rápido como llegó. Pero al menos esta vez no volviste a forzarte a hacer algo que no querías, como llevabas tanto tiempo haciendo por un otro, entre tantos magos cuchufletos.

No hay comentarios: