martes, 8 de septiembre de 2026

Selva

Dice que se llama G., pero probablemente sea un nombre inventado para que no lo reconozcan ni pudieran stalkearlo por redes sociales. Nació en Venezuela, en algún lugar de la llanura, y hace unos años emprendió su viaje hacia el sur del mundo, sin mucho qué ganar, con tantas cosas que perder. Primeramente, se instaló en Lima un par de meses para probar suerte, pero rumores de tierras aún más lejanas le llegaban constantemente, manteniendo vivo dentro suyo el deseo de algo mejor. Un tiempo después cruzó ilegalmente la frontera del norte de Chile y se instaló en Santiago, con una colección de sueños por cumplir. 


Y ya verá cómo logrará alcanzar esos sueños. Mientras tanto se dedica a hacer masajes tántricos a hombres con final feliz cuando los clientes colaboran en el proceso. Y quizá, sin saberlo, a algunos clientes también les mantiene vivo el deseo de algo mejor.

 

lunes, 7 de septiembre de 2026

Durante mucho tiempo he escrito en este blog desde una mirada creativa, torciendo un poco la realidad, para llevar mi imaginación a lugares donde se pueda sobrevivir a una vida monocromática que, a menudo, suele ser un tantito dura y cruda. Pocas veces he llevado mi narrativa a una descripción fidedigna  de la realidad, porque al final ¿qué es la realidad para uno y qué es para otros? 


Si la vida resulta ser este desafío diario de tener que existir, así, desnuda y sin maquillaje, me parece bastante aburrida la verdad. Por lo que ponerle make up de Drag Queen, pegarle pestañas y pintarle los labios rojo carmesí para embellecerla un poco, no me parece nada de malo. Así evitamos caer en una apoptosis de cuerpo y alma. 


Heme aquí por primera vez (tal vez), escribiendo desde una vereda más concreta. 


Los siguientes relatos son parte de una bitácora de un viaje interior que me auto-impuse, para deconstruirme. Y en este viaje hubo ciertos chicos en quienes, de alguna manera,  me vi reflejado. No importan muchos sus nombres, sino más bien cómo me fui descubriendo a través de ellos para liberarme de ataduras con las que cargaba desde hace miles de años (esto no es una metáfora). 


Y quizá a través de ellos, me fui proyectando en este nuevo yo, dejando en pausa ese tal-vez-quizá-podría-ser, para por fin ser el protagonista de mi propia historia.


Estos son algunos de esos relatos, escritos de la forma más verdadera que he intentado hasta ahora.


(Spoiler: existe igualmente un poco de fantasía. Sorry, hay cosas que no tienen cura.)