lunes, 9 de enero de 2012

Melancolía


Una de esas películas que das gracias por estar vivo para poder verla.

Melancolía [2011], Lars Von Trier

sábado, 31 de diciembre de 2011

Non esistono

Te quiero conversar al oído,
susurrando,
despacito,
de las cosas que nunca escribí y que, por lo tanto, no leeré.
Te quiero hablar de asuntos que nunca sucedieron,
de las personas que nunca nacieron, que jamás vivieron y que de ningún modo conoceremos.

Quiero olvidar los recuerdos que jamás existieron,
Que nunca guardé en mi memoria.
El recuerdo de tus labios que no rocé (ni siquiera una milésima de segundo), de tus manos tranquilas que no abracé, de tu pelo enredado que no acaricié,
ninguna noche de agosto,
bajo la lluvia.
Deseo conversar de ti,
de tus primeros pasos que no diste,
de lo que no comiste la semana pasada para la cena,
de las ilusiones que no tuviste y las canciones que no escuchas por estos días.
De nuestros encuentros que no llegaron a lugar,
en ninguna plaza
en ningún café
en ninguna cama.

Quiero que no me cuentes todas esas cosas
ninguna de ellas,
ni una sola,
porque no estás aquí,
no existes en esta cuerda,
no vibras en esta sintonía.
En otro planeta, quizá.
En otra vida, espero . . .


martes, 27 de diciembre de 2011

Revoltijo

Pasó el remolino más grande de todos por mi casa.
Entonces mi lagaña se sacó un ojo mientras la comida masticaba bocas, las lágrimas asustadas no contuvieron el llanto, al mismo tiempo que el camino tropezaba con tus pies que corrían por todos lados.
Si el pulmón entraba en el aire, entonces el jugo gástrico secretaría estómagos, muchos de ellos, para proteinizar los metabolismos.
La música dejó de plasmarse de oídos y fue la primera en salir disparada por la ventana (nunca más la volvimos a escuchar).
El sillón se escondió debajo de mi papá y dentro de mi mamá se metió el refrigerador: alboroto tremendo. (La hermana de mi guagua era la única que soñaba en dormidos, como si nada pasara)
En el patio escuchamos perrear al ladrido, que después de todo tampoco lo pudimos encontrar.
Al final, cuando ya todo no podía estar más revuelto, la sangre chorreó venas por las murallas y los aplausos golpeaban las manos, demostrando su sonrisa con alegrías, muy blancas.
Y allí quedaron tripadas las tiras, y todo el mundo que pasaba quedaba muy confundido y no entendía nada.

domingo, 18 de diciembre de 2011



Esta foto va dedicada a ti. Sí, a ti: la rubia que se cruzó en mi foto y me la echó a perder. La de la sonrisa graciosa con un gorro de colores y un nudo ridículo en la bufanda. La que ahora se debe andar cruzando en las fotos de las demás personas para hacerse famosa porque en la revista de modelos no la contrataron ya que no aceptan a los que usan gorros con pompones. Te concedo un espacio aquí en mi blog que nadie ve para que en el país en el que vivas tú también subas las fotos tuyas en las que salgo yo y me crucé.
A ti, al recuerdo menos memorable del viaje por Venecia y que ahora pasa a convertirse en mi musa inspiradora de actualizaciones en el blog y a la que le dedico dos oraciones diarias antes de irme a dormir, soñando con el día en que te vuelvas a cruzar en mi fotografía.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Nah que ver



La fiesta se acabó cuando llegó María Eugenia.
Ella es tan-fuera-de-moda para estas cosas.
No sé quién, no sé a quién se le ocurrió invitarla. Es de esas, o sea, muy pero onda demasiado-poco-atiná para el baile, para seguir el ritmo. ¿Nadie nunca le enseñó a bailar? ,o sea porfa.
Es de esas que bailan apretadas con la pareja, de las que le agarra la mano al otro. Nos dimos cuenta de eso en la fiesta de inicio de clases, cuando todavía hace calor en Marzo: quedamos sorprendidos con su show.
Lo peor, es que mueve tanto las caderas por Dios. Jura que MATA de lo sexy, pero puro que MATA de risa. Nadie hace eso en las fiestas ahora. Y siempre sale con escote, no sé qué diría su madre si así la viera de “despechugada”
Debería entender, le deberían enseñar que lo más chick desde hace tiempo es bailar sin tocarse, sin siquiera mirarse, por lo menos cincuenta y tres centímetros de distancia el uno del otro. E ir a las fiestas con camisa y corbata, los varones, falda un dedo sobre la rodilla, las damas, OBVIO que sin escote.
O sea hello, o sea galla para tu movimiento.
"U-bí-ca-te", le diría yo si se me acerca menos de lo permitido.
Más encima es de las que fuman en las discotecas y toman ron-cola con hielo. Ahora a lo más, o sea, cuando estamos muy felices mezclamos leche con jugo, y eso nos pone más felices todavía.
Los rumores dicen que hasta una vez se besó con OTRO HOMBRE, y que ni siquiera sabía cómo se llamaba. Lo encuentro último.
Súper fuera de la onda de ahora.
Nos dio un poco de pena cuando llegó porque nos tuvimos que sentar en el sofá del living y mirarla bailar durante 3 horas esa música que nadie escucha: reggaeton y bachata.
Está tan mal enfocada en la vida.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Barifesos y esas cosas pt.2


Fue duro pero cierto. El Barifeso descubrió que la Humanidad no era ni zonote ni mucho menos consideradora.
Por lo que retozó su prudencia en ese ahora fulpito, durante trescientos sillosos separados.
Sin embargo, se había hecho de 8 esperanzas al corolar allí y, por lo tanto, no desistió de sus esvanios. Decidido, salió a buscar mochilenes a un vericueto de mochilantes: la conocida POPO (Porileta Oromono Productores de Olores). Para su loñita, el Barifeso quedó reintelecto inmediatamente y medio segundo después ya se relataba produciendo olores como mochilete de POPO.
Sus +; noches y su casi ?¡ de fofolanes fueron realmente posolendas. Posolendas porque desodoraba lo que otros hacían y él (como panteístico que era) se sicajía demasiado, especialmente los día de semana.
Hasta el día en que halló una jala escondida entre los puentos. Y en ella encontró la Hamilá: Todos los demás mochiletes de POPO no eran más que Sin Poteros (entiéndase sin potero en el nemeso del cutato) que mochilaban para un tal Medigo Asolante, y que todas las mochiladas iban en cosobre del Planeta.
El Barifeso dejó de lado la soberbia y frenó a másqueros. Esto no podía continuar así.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Mensaje enviado desde Neptuno


Comencé la investigación el Once de Noviembre de Dosmilonce porque era una fecha que no se repetiría en ningún nuevo ciclo solar, por lo menos no en millones de años y en otro universo.

La idea era tomar una muestra de recién nacidos y utilizar un método avanzado de reconocimiento de llanto, gesticulaciones, evaluación de postura y principalmente de fluctuaciones en el impulso nervioso y sináptico a nivel cerebral (porque no se puede realizar de otra manera) para recopilar información y conocer la respuesta a una pregunta sencilla que le hacíamos a los recién nacidos que cumplían con los criterios de inclusión.

La hipótesis era la siguiente: "Los recién nacidos de madres multíparas o primigestas son capaces de decidir, en el momento mismo del parto (durante el expulsivo), si quieren permanecer en el planeta Tierra o Nacer en otro mundo, según el grado de felicidad que ellos estimen conveniente".

En palabras simples, les damos la posibilidad al bebito de querer quedarse en este planeta o de irse a vivir a otro planeta del sistema solar, incluso fuera de la vía láctea, en algún exoplaneta aunque todavía no se haya descubierto.

Nos basamos en el principio ético de la autonomía, de decidir en qué planeta nacer, crecer, enamorarse, llorar y morir. A todo ser humano, desde el principio de los tiempos y la historia Bípeda, se le ha pasado a llevar este derecho de elección, obligándonos a nacer en un planeta sin preguntarnos si así lo queremos o si en verdad nos gusta más Júpiter o una luna de Saturno.

La investigación era experimental puesto que realizábamos una intervención en la muestra escogida de bebitos. Dicha intervención consistía en colocar electrodos cefálicos al momento de coronar la cabeza del bebé y asomarse por primera vez en el planeta, incluso antes de respirar.

El electrodo cefálico tenía dos funciones: de emisor y receptor de mensajes. Les enviábamos señales pulsátiles que se percibían como imágenes en el telencéfalo neonatal. Las señales que les mandábamos eran sencillas: les enseñábamos el planeta Tierra.

Les mostrábamos dónde vivían los seres humanos (casas), las cosas que comían (carne), cómo se comunicaban (boca). Era posible transmitir hasta sentimientos: entonces le transmitíamos el sentimiento de la alegría al dar el primer pasito en la vida;

el sentimiento del fracaso al obtener nota roja en una prueba luego de estudiar toda la noche;

el sentimiento del amor al cruzar la primera mirada con tu alma gemela;

el sentimiento del dolor al perder al que llamamos papá y a la que llamamos mamá

y el sentimiento de la confusión interna al no encontrarse a uno mismo por mucho que uno se busque.

Elegimos agregar imágenes sencillas por medio del electrodo, en alusión a nuestro planeta: un pajarito, un automóvil, una canción, un celular, un político, una nube y una lágrima.

Todo eso se transmitía en 2. 33 segundos, porque la elección tenía que ser rápida. El mensaje finalizaba mostrando cómo todo ser humano termina al momento de dejar de latir el corazón, luego del último suspiro: huesos metidos dentro de una caja enterrada bajo tierra.

Al acabar el mensaje emitido, el electrodo captaba las señales que reenviaba como respuesta el telencéfalo del bebito y las procesaba en un computador, arrojando dos simples respuestas: SÍ o NO.

En el caso de que apareciera la palabra SÍ, entonces se proseguía con la atención del parto, rotación externa, extracción de los hombros y del resto del cuerpo, ligadura de cordón y ya el bebé formaba parte del planeta Tierra y pasaba a ser un ser humano persona, incluso reconocido por la constitución y las implicaciones legales que ello conlleva.

De lo contrario, si la opción NO aparecía en la pantalla, entonces aplicábamos la maniobra de Zavanelli e introducíamos de nuevo la cabeza fetal (porque aún no era un ser humano persona) dentro del útero.

Colocábamos rápidamente dos ventosas en el fondo del útero externamente y procedíamos a aplicar ondas de alta frecuencia (todo esto aprobado por el consentimiento firmado de la madre previamente). Las ondas tenían tanta frecuencia que superaban la frecuencia alcanzada por la luz al viajar por el vacío y entonces el feto era capaz de desintegrar sus partículas pesadas en partículas de luz que se transmitían como una especia de rayo en dirección al planeta que el bebé escogía en secreto para nacer y vivir su vida de adulto extra-terrestre.

Las madres de los bebés que escogían otro planeta, como era de esperar, pasaban por un período de defensas bajas pero eso también lo cubría la investigación y les dábamos un tratamiento endovenoso y un caramelo.

Sin saberlo los sujetos de la muestra, debo confesar, enviamos un transmisor interestelar junto con el bebé arrojado a otro planeta, para conocer el grado de felicidad alcanzado y saber si la investigación tuvo significancia o no (esto nunca lo publicamos, por conflictos con el comité de ética de la investigación).

Los bebés cada mes nos envían un informe de sus experiencias y los resultados han sido asombrosos. La curva de felicidad ha ido en aumento progresivo e invariable durante todos este tiempo. Han alcanzado la felicidad plena en su planeta escogido. No conocen de fracasos ni de violencia intrafamiliar o femicidios, de palabras negativas hacia segundas personas en el trabajo, ni siquiera de conflictos con uno mismo ni de accidentes de tránsito los fines de semana largo: en los otros planetas del universo aún no se inventan las carreteras.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Donnie Darko


Donnie: ¿porqué usas ese estúpido disfraz de conejo?
Frank: y tú, ¿porqué usas ese estúpido disfraz de humano?

Donnie Darko [2001], Richard Kelly