domingo, 29 de mayo de 2011

seis segundos


Supe exactamente cómo iba a ocurrir cuando lo vi cruzar desde el paradero a la calle.
Por supuesto que no tocaría con sus lágrimas el duro pesar de un camino a medias, sin salida, como esos callejones que no te llevan a ninguna parte, a parte ninguna. no.
Luego levantaría lo que corresponde a los días que se vienen por poco y el orgullo de lograr algo pequeño, ínfimo diría yo, pero suyo al fin y al cabo.
Por aquéllo, el placer le recorre los poros del dedo meñique de la mano derecha, que es el mismo que ocupa para limpiarse de las orejas las palabras superficiales que le rebotan, cargadas del último cahuín imposible de no contar y de los accidentes del día anterior.
Al llegar a la esquina siguiente tomará el tecito que le gusta, con sabor a todo eso que se espera sin demasiada excitación porque lo más probable es que ni siquiera se asome en tu, en tu, en tu existencia tuya (para que quede bien claro).
Y al saborear la bolsita del té con eso que ya dije (todo esto pasó en los 6 segundos que toma cruzar una calle) de pronto descubre que no hay mejor manera de terminar el día que tranquilo en la cabeza apoyando la almohada, con la certeza de que se obró acorde a lo planeado por uno mismo cuando se asoma al planeta por primera vez según el calendario occidental.

jueves, 28 de abril de 2011

Fragmentos 27

Pude reír.
pude esperar que las hojas se cayeran de los árboles toda la tarde.
pude escoger doblar en la esquina de la bomba de bencina camino a casa.

Pero preferí seguir caminos indistintos, conocidos a más no poder.
Decidí callar lo feo que se genera espontáneamente desde la mierda que se lleva dentro.
Quise entonces que todo alrededor se tornara blanco y negro, y transcurrieran los segundos entre-cortados. entre-olvidados, entre-desperdiciados en los movimientos de las personas que caminan los días viernes hacia las fiestas que organizan para desquitarse, para bailar y sudar cómo los mil demonios.

Me puse antifaz de pajarito para que no me reconocieran y volé entre los que no ven los semáforos en rojo, por pura cuestión de impaciencia y de tratar de llegar primero al asiento del metro. Y todo por sentirse como un gran pedazo de caca que se va agrandando a medida que te pisotean y pisotean con cada minuto que pasa.

Estuve perdido un rato, se me reventaron las espinillas de tanto preguntarme cuántas personas irían a mi funeral si es que se equivocan y me entierran vivo pensando que estoy muerto, cuando en verdad estoy haciéndome el dormido.

Ahora que no soy ni pajarito y ya me cicatrizó la herida, pienso en el mañana y en los pasos que daré al despertar.
En la siesta que no dormirás y los besos que no me darás porque estaremos lejos, lejos pensando que estaremos juntos al llegar la noche.
Y en el pensamiento absurdo de que la gente podría dejar algún día de decir garabatos o dejar de pensar de forma negativa cuando te pegas en el codo con el borde de la mesa, mejor me conformo con saber que vistos desde afuera no somos más que un puto punto en el espacio.



miércoles, 20 de abril de 2011


Estás en mi escaldasono cuando hace frío y te transformaste en mi calzoncillo de la suerte (el que me trae más suerte).
Estás en la cama 224-1 de Ginecología a las tres treinta y dos de la madrugada, con la ducha del baño goteando.
Te apareces al otro lado del andén cuando espero el tren de las 7.04 y me topo contigo en los paraderos de micro esperando la 211.
Quiero enredarme cada mañana contigo, enredado en serio, y que la alarma suene todo el día pero como no nos podemos mover no nos queda otra que quedarnos en casa acostados.



felices 36=3 (:

miércoles, 6 de abril de 2011

conversaciones mudas entre tú y mí-mismo

Escucho tus sonidos desde la ventana del Café. vienes llegando.

huelo tus colores,

veo tus olores.

percibo tus dolores

Estoy un paso a la derecha y atrás de tu marcha, de tu decisión de dejar caer tus glúteos sobre una silla abandonada para reposar un instante de los fregones del día jueves.

Pides una copa de vino para ahogar los prejuicios y soltar a risas las palabras que no se dicen sobrio (a menos que estés loco).

"yo solo espero que las cosas sucedan", me sueltas desde lejos con una mirada.

Lo entiendo, todos en el café lo entendemos porque es lo mismo que todos hacemos en las estaciones de metro: dejamos que el carrito se meta al andén,

dejamos que se abran las puertas,

dejamos que nos empujen hacia adentro y esas cosas.

Nadie en el Café, te lo puedo asegurar, detiene carritos de metro con una mano o propone soluciones concretas al mar de gente en hora pico.

Dejamos que los días vengan, que lleguen, que avancen, que se esfumen y se transformen en un número más en el calendario.

sabía yo que tu día iba peor que el mío.

sabías tú que yo sabía todo eso desde mi mesa.

Estamos todos a la espera del mesero, todos lo deseamos, todos queremos contar nuestras penas, todos queremos llorar lo que acongoja, todos queremos pedir una orden de decisiones acertadas y de agradecimientos por aquello.

Recojo las bolsitas de azúcar vacías que le eché al café y te las dejo en la mesa camino hacia a la puerta. Es lo que estábamos esperando a que ocurriera, es lo que el destino tenía preparado para nosotros.

Dejé el Café con los bolsillos llenos de servilletas (mi mamá las colecciona) y tú te quedaste allí con el destino a cuestas, con la lágrima a punto de caer por tu ojo izquierdo y con una sinapsis neuronal repitiéndose por todo lo que quedaba de tarde. Pero yo sabía que tú sabías que de lo único que estábamos seguros era que nuestros días ya no iban a ser los mismos de antes.

jueves, 31 de marzo de 2011

espaciado

Arrendamos habitación en un hotel en Venus, porque en Júpiter estaban copados, Neptuno está muy Lejos y en Plutón ya no hay donde alojarse.

Salimos todos los días a poner las patitas a la orilla del planeta, justo al borde con el universo donde se puede ver hasta el centro de la vía láctea.

Saludábamos a nuestras familias y amigos en La Tierra antes del Alba, ni siquiera extrañando un poco nuestras vidas.

A veces movíamos tanto los pies por la alegría de haber encontrado un lugar propio, que nos caíamos al espacio hacia arriba, hacia abajo, hacia cualquier parte según cuál sea tu punto de referencia.

Pasábamos semanas de la manita flotando entre asteroides, entre satélites: El tiempo no existía ni allí ni en nuestras camas.

No hubo cabellos blancos;
no hubo pliegues en el rostro;
no hubo molestias articulares ni nombres en el olvido.
Fuimos infinitos, fuimos por-siempre, para-siempre una misma sola cosa.

Cuando nos echaron del hotel por problemas con el pasaporte, recién supimos que en Mercurio estaban las piezas mucho más baratas

martes, 15 de marzo de 2011


estoy esperando que las cosas cambien mientras la pieza se llena de polvo

miércoles, 2 de marzo de 2011

Deslizo el cierre del bolso azul con rojo, saco una polera y un trocito de tu hogar viendo fotografías de tú-pequeño; tú-conlentes; tú-gordito.
Saco una bolsa con calzoncillos y un par de pececitos de la playa balandra, tú haciendo esnórquel y yo tomando sol bajo una palapa mientras la gaviota nos mira.
en el bolsillo de fuera encuentro un helado de gansito que nos comimos en Todos Santos y los pasos que caminamos por el Malecón antes de comer ceviche.
Aparece detrás de una hawaiana un taco del mercado de Querétaro y unos margaritas en San Miguel de Allende.
Al fin encontré el callejón del beso junto al Pipila y la momia más pequeña del mundo tomando vino con nosotros en Guanajuato.
Y en el fondo bien al fondo del bolso encontré lo que me traje guardado y que tanto buscaba: encontré tus labios, encontré tu mirada, encontré tu manita a medianoche en un hotel sin aire acondicionado, pensando y deseando que las vacaciones nunca se vayan a terminar.


miércoles, 9 de febrero de 2011

Adiós Chile lindo y querido!


voy a dejar las ventanas y las puertas cerradas de la pieza para que ni el polvo, ni la rutina, ni la rutina llena de polvo me persigan mientras me arranco junto a ti, lejos de todo eso que no se quiere ver cuando se tiene cerca pero se extraña a montones cuando se está fuera.
nos vamos a tus calles, a tus lugares, con tu gente y tus costumbres.

que comience la aventura (: