
viernes, 16 de julio de 2010
fragmentos 8

domingo, 4 de julio de 2010
desistir ni se le ocurra
Todo tranquilo antes del tormento, antes del dilema, del problema con solución efímera.
Todo en paz previo al aluvión de preguntas y de pocas respuestas,
de dar mil trescientas vueltas
hasta que el mareo te dure una semana completa.
en el living de la casa hay una esperanza que te dice que podría salir mejor si se intenta de a poco.
en el comedor está la sinceridad que te dice entre risitas: mijito, no se apure en caer que el piso no se mueve.
y razón que tiene la muy perversa, porque en todas las habitaciones de la casa están los desencantos que te van arrebatando lo poco de constancia que va quedando.
Pero todo va apacible por el momento: los libros de la biblioteca aún no sacuden su polvo ni los platos se trizan contra las baldosas de la cocina por el derrumbe que les espera.
Es difícil predecir cuando vaya a ocurrir, no soy pulpo-oráculo para decirlo. Es algo que corre por dentro quien me lo dice, al mismo tiempo que me susurra en el oído (bien bajito para que nadie más escuche) que aún daque por madesiado garentre, madesiado.
jueves, 1 de julio de 2010
fragmentos 4
sábado, 22 de mayo de 2010
mitad
A lo mejor sí, a lo mejor hoy al despertar abriste tus ojos al punto equidistante entre tu nacimiento y tu muerte: justo la mitad de tu vida.
y, ¿cómo van las cosas que no se dicen?, ¿cómo está la gente que no saludas hace ya un buen tiempo?
¿cómo se siente la espalda sin joroba y la cara sin arrugas, con ojos sanos, ojos claros, sin nubes en cada cosa que se ve?
¿cómo van los días que se dejan pasar y las horas gastadas en algo poco trascendente?
¿cómo es vivir sin que las manos te tiemblen al agarrar un ramo de flores o un lápiz para escribir en una servilleta: estoy vivo?
¿cómo se siente (dime) tener toda la vida entera (o la mitad de ella) por delante para hacer las cosas que todavía te restan por hacer y las cosas que aún te faltan por decir?
(dime)
jueves, 6 de mayo de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
por mi río
Por mi río pasa una casa, todas las tardes a las 7, todas las noches a las 2 de la madrugada.
Pasa ligera y sigilosa, con una puerta abierta, con todas las ventanas cerradas.
Y en la casa estamos tú y yo, sentados en el sofá del living:
Tú comiendo helado de frutilla con pimienta,
Yo mirando la pantalla del televisor que está apagada, mientras un pingüino volador se asoma por la ventana.
A veces la casa llega a Luxemburgo, llega a Luxemburgo a veces la casa. Y nos bajamos.
Nos bajamos en busca,
En busca bajamos de cuervos saltando,
O en saltos buscamos cuervos bajando,
Bajando por Luxemburgo, adonde llega la casa. A veces.
Y la casa es nuestra casa, E: tiene nuestras fotos
La casa es chiquita y acogedora. Pero nunca tenemos invitados E.
Porque los invitados no se quieren momo-jar.
Momo-jar porque el río va caudaloso, y en la casa no hay toallas, mucho menos estufa.
Tomas tu café de la mañana en la terraza. yo me acerco de puntitas por detrás y te abrazo.
Otros días llegamos al mar y recolectamos piedras extrañas para hacernos un castillo. Castillos a escala pequeña, de seguro. Un castillo extraño hecho de piedras extrañas, ¿acaso no lo extrañas?
Y hay días E., que vemos que al final del río,
Entre gotas de agua evaporada
Se asoma silenciosa la cascada. Yo río a carcajadas.
Tú no dices nada,
tú me dices: nada,
Pero la casa es firme,
te respondo: tiene alas.
lunes, 8 de febrero de 2010
Au revoir Chile!

La inherencia de las cosas de la casa
La casa se veía mucho más grande mirada desde el piso, sobre la alfombra, con la cabeza hacia el cielo, los brazos extendidos como si estuviese crucificada, con un ojo mirando hacia el techo siguiendo la trayectoria de un bicharraco que entró sin ser invitado a la casa y con el otro mirando hacia el pasado, hacia lo que había sido en un comienzo un buen sueño para perseguir.
Los platos no se veían tan sucios si se les mira de lejos, apoyada contra la puerta que da al patio lleno de cachureos, mordiéndose un labio y rascándose la cabezaydetrásdelaoreja.
La habitación no se veía tan solitaria si se está en un rincón oscuro de ella, observando la cama vacía pero con almohadas, el velador vacío pero con papeles, el piso vacío pero con una alfombra.
“El tiempo pasa más rápido si no se mira el reloj, si el reloj no se mira y se cierran los ojos. El tiempo pasa más rápido cuando no se espera nada, ni se cuentan los días en el calendario al despertarse cada mañana para levantarse e ir a preparar el desayuno.”
“los vasos fueron hechos para ser usados como vasos. se llenan con agua de la llave, luego uno se la toma sin dejar una sola gota y los lava con la esponja”, susurraba, ya en el piso, ya apoyada en la puerta, ya en un rincón oscuro de la habitación o con los ojos cerrados dejando pasar el tiempo. “ no sirven para cortar la carne para el asado familiar o para lavarse los dientes al recién despertarse. No sirven para peinarse, menos aún para hacerlos rebotar en el suelo o para escribir mensajes de amor a la persona que amas pero que no lo sabe. Pero si se los ponen unos sobre los otros, entonces resulta que sirven para edificar torres. Torres que no duran mucho, claro. Que se rompen fácilmente, al más mínimo portazo que pegas cuando llegas a la casa enojado. Pero siguen siendo vasos, ¿cierto? No se les cambia el nombre porque los use para escuchar el mar cuando me los pongo en la oreja y así no escucharte cuando me cuentas lo mal que te fue en el trabajo hoy. Mi nombre será el mismo aunque me vaya a vivir a una isla tropical en medio del Pacífico, del océano Pacífico, lejos de ti y de mí (de los dos al mismo tiempo), de lo que nos hemos convertido a lo largo de todos estos años, alejados del sueño que alguna vez compartimos.
Aquí va la ditamal dadver: la casa seguirá siendo pequeña aunque la mire desde el piso, los platos sucios seguirán estando sucios aunque los mire desde lejos, la habitación seguirá pareciéndome solitaria aunque estés tú durmiendo sobre ella y el tiempo seguirá pasando con lentitud y parsimonia aunque cierre los ojos, deseando con locura que los palillos del reloj se detengan un mísero segundo y comiencen a retroceder pausadamente para vervol a zarcomen (para dejarme respirar)”
