martes, 11 de diciembre de 2018

Cartas a Horacio XXII

Te escribo nuevamente, ya por costumbre, ya por necesidad.

Pero ahora rogando un titilo de tu señal, alguna mesmerizada reseña de tu existencia : qué hiciste los días jovianos, cómo interpretabas el perihelio de acuario, cómo fueron las nebulosas que crecen dentro de lo que llamas corazón .

¿Acaso es cierto lo que la edónea polinésica planteaba?

Que sos puros cables sueltos, que por alguna arrecifa hicieron conjunción, y los electromagnetismos de las explosiones os llevaron a percibirte en esta cuerda . “Algo que nunca debió ocurrir”, resquebrejó sin dubitativas la tal edónea.

Mientras la anémona dentro mío se retorcía, y me suspiraba en la tripa nuevamente :

Fuimos todo lo que quisimos ser .


sábado, 8 de diciembre de 2018

Cartas a Horacio XXI

Ya no te acreciento ni te reverbero, Horacio. 

Ni me acuerdo de tu Juliana, ni de esa posible forma que tienen tus vientos y tus maneras. No me retuerzo en las noches indagando en un escenario donde tus manos agarren mis tentáculos con fuerza.

No almuerzo mollejas en un establo, nunca más.


viernes, 7 de diciembre de 2018

Cartas a Horacio XX

Anunciaron en los telegramáticos que nos quedan pocos siglos de traslación. Algunos reclaman que es más desvaríos que otra cosa, un sucedáneo de renovación.

En mi cápsula, con mis teleféricos puestos, en búsqueda de colmar el tiempo, maldito tiempo que nos corroe, me desencanto de aquellas portadas. Cerrando los párpados, noto cómo voy cambiando desde la larva que fui. Ya sabes que las constelaciones siguen allí, inmutables, perpetuas.

Y somos los de acá en este exoplaneta los que desaparecemos, siglo tras siglo, milenios tras milenio. 

Cansado de esos subterfugios, tomé mis chapitas y decidí ir a sumergirme en las aguas de un océano moribundo, de los que los científicos nos dicen que es donde surgió nuestra misericordia. 

En aquella playa desierta, bajo el destello de mil galaxias, me acerqué a la orilla , poco a poco comenzando a adentrarme en la inmensidad. Entendiendo que los viajes entre vidas pasadas y futuras es parte de mis tripas en la carcaza, sintiendo como cientos de cianobacterias me hacían cosquillas en los tentáculos. 

Cerré los ojos, lágrimas de potasio asomaron entre los párpados, glándulas primitivas que no se activaban en mí desde la primogénita. Sentí extrañamente que sí, que la anémona seguía creciendo dentro mío y me llevaba a la conclusión más frágil : tengo que  despedazarte Horacio, tengo que abatirme de tus señales perdidas.


miércoles, 5 de diciembre de 2018

Cartas a Horacio XVIX

Horacio, ay Horacio.

Eres como el asteroide 12xw, que aparece en nuestro sistema interplanetario cada tres milenios.

Te incrustas en mi retina cada 6 sinapsis neurobióticas, y me plasmas en todas las dimensiones. Yo que intento persuadir el tiempo, regirme por los incrementos básicos como un electroplutónico que soy.


Te había escotado en un residuo y allí teterabas.


Te había revuelto como dislentes y recobrabas un huslito.


Pero sobre todo Horacio, cuando regreso a la cápsula como un abarrote despreciado, me tomas desprevenido como el asteroide en cuestión, 

Todo el santo púlpito se me estremece.


martes, 4 de diciembre de 2018

Cartas a Horacio XVIII

Quise perderte de la retina. Dejarte perdido en un cactus, bajo el alero de una notificación no recibida en tu bandeja de entrada.

Recorrí un millón de años luz por primera vez en la existencia, aterrizando en planetoides no confirmados, solo con series verificadoras. 

Conocí esos valores no fundados, para veroplantar tu recuerdo.

Después de varias botellas de pacita, seguí recorriendo en busca de un cauce antiguo, que naciera desde el comienzo y acabara en el final.

Pero estás en todas las estelas Horacio, estás en todas las refringentes estelas.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Cartas a Horacio XVII

Recuerda que eres una ínfima parte de este todo:

Un punto en el espacio, sin arriba y sin abajo.




martes, 27 de noviembre de 2018

Cartas a Horacio XVI

Ayer me aconteció algo de lo más elucubrante.

En una conferencia con una edónea Polinésica, después de una sentida traslación de quarks, comenzamos a parlotear sobre los orígenes del cosmos: cuan hilarante fue el big bang y cómo es ahora un multiverso de referencias . 

Después de un par de copas de Garnacha en la estación Esperanza, paseamos por la alameda de baobabs. Ella quiso tomarme el tentáculo, yo se lo cedí . Con su culebra apoyada en mi regazo me transmitió lo mucho que estaba soslayada con una señal de los confines. Una señal de lo más inadhesible, difícil de tansgredir . Mis corazones dieron un pálpito, al acomodarnos en el desierto 198, para postergar el solsticio de Aries. 

Mi titubeo no fue menor al considerar la enana roja y preguntarle a la polinésica: ¿cómo dislumbras a esa señal de feroces facciones?

Y la desdichada refracciona: la dislumbro como uno de esos seres que aparecen en los bytes almacenados en los discados. Los que nos ubican en las sesiones del Origen Civil. Lo sentencio como un humano, como un tal Horacio de un cosmos remoto.


Mi titubeo fue el más recóndito de la postre Iberoneptuniana.


lunes, 26 de noviembre de 2018

Cartas a Horacio XV

El parlamento de estados no independientes declaró ley bobánica desde mañana. 

No más escenografías Horacio, es el fin de la era de la onírica metafísica .

Ahora no habrá necesidad de iniciar conexiones: las larvas tendrán el implante subglobuloso en el grupo tetraédrico. Las larvas del futuro no tendrán que lidiar con anémonas ni con las pesadillas de la era actual. 


¿Qué será de nosotros Horacio?