Dice que se llama G., pero probablemente sea un nombre inventado para que no lo reconozcan ni pudieran stalkearlo por redes sociales. Nació en Venezuela, en algún lugar de la llanura, y hace unos años emprendió su viaje hacia el sur del mundo, sin mucho qué ganar, con tantas cosas que perder. Primeramente, se instaló en Lima un par de meses para probar suerte, pero rumores de tierras aún más lejanas le llegaban constantemente, manteniendo vivo dentro suyo el deseo de algo mejor. Un tiempo después cruzó ilegalmente la frontera del norte de Chile y se instaló en Santiago, con una colección de sueños por cumplir.
Y ya verá cómo logrará alcanzar esos sueños. Mientras tanto se dedica a hacer masajes tántricos a hombres con final feliz cuando los clientes colaboran en el proceso. Y quizá, sin saberlo, a algunos clientes también les mantiene vivo el deseo de algo mejor.
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