lunes, 9 de marzo de 2020
La pesadilla de Nicanor
miércoles, 26 de febrero de 2020
jueves, 26 de septiembre de 2019
Este tiempo
Este tiempo ya lo he vivido,
Que esto ya me ha pasado.
El sol que para ti amanece,
Para mí ya se ha esfumao.
Cuando acá voy terminando,
Tú recién has empezao,
como cuando yo ya lo he lograo,
Tú recién lo estás intentando.
Si la canción ya he cantado,
Tú apenas la estás escuchando,
como cuando ya he leído el libro
Y tú ni siquiera lo has tomao.
Desde acá la luz ya es más tenue,
De a poquitito se va desvaneciendo,
Iluminando el camino por el puente
Para que podamos juntos cruzarlo.
Tienes tus tormentas a lo lejos
Pero por aquí ya han pasao,
No quedan ni los escombros
De los edificios derrumbaos.
Quiero pedirte un deseo
Pa que se cumpla allá en tu lao
Que tiempos mejores vayan sanando
Todas las heridas que no han curao.
Desde acá te lo mando,
Para que tengas un buen sueño
Que los dragones no den vueltas
Por ninguna almohada tuya
Por ninguna cabeza tuya
Por ninguna noche tuya.
Te lo digo porque este tiempo ya lo he vivido,
Te lo escribo porque esto ya me ha pasado,
Y sabiendo que la preocupación más grande,
de aquellas que corroen el cerebro,
Todas ellas pueden callarse.
Tranquilo debes quedarte
Que no hay pena que no se calme
Ni sueño que no se alcance.
martes, 16 de julio de 2019
Crónica de un Eclipse de Sol
jueves, 11 de abril de 2019
El Rey Sapiño
Nos dijeron que si esperábamos hasta medianoche tendríamos la oportunidad de verlo. Que si estábamos muy atentos cerca del mar, a la luz de la luna creciente aparecería.
No estábamos seguros de poder lograrlo, el jet lag nos traía cansados y a penas podíamos mantener los ojos abiertos.
Pasamos el día persiguiendo mariposas, tomando copas de vino blanco, mirando la bahía.
Ya entrada la noche, salimos tambaleándonos de nuestro Bungalow, y las polillas nos golpeaban las rodillas.
Ya estábamos por rendirnos cuando ocurrió, a punto de recostar las cabezas cansadas en la almohada.
De las profundidades del mar apareció saltando el Rey Sapiño, croando extrañamente, adentrándose en la isla en búsqueda de su cena.
Yo te tomé la manito, porque sé que no te gustan los sapiños, sobre todos los más chicos , ni siquiera te gusta hablar de ellos.
lunes, 24 de diciembre de 2018
Carta a Horacio concluyente (Alegoría Póstuma)
(Carta encontrada en el año XXV€, con Gamíledes retrógrado, en el desierto 29 de Nevería)
Horacio:
Los milenios pasaron.
La anémona permanecía paciente.
El sol siguió surcando la estimada plena tras los ciclos de la cordillera.
El océano de plutonio se fue marchitando, como todo marchita en la popular cecina.
Pero las herramientas de conexión sí que mejoraron después de la guerra de los seis imperios: el satélite de Yaris fue más accesible desde la ionósfera.
Las aplicaciones también fueron quedando a disposición.
De este modo fui recolectando aplicaciones diminutas, con electrofotómetros solares.
Como un desvante, la anémona permanecía sin perjuicios. Allí atada en una sin perfúndica desarmonía. Te cuento Horacio, que aprendí a pergarla y hacerla parte de la aleta.
¿Qué sentirían las cosas sin la anémona?
O mejor aún ¿no somos todos una anémona piñichurra que grita permiso?
Quién sabe, Horacio. Quién sabe.
Con mis aplicaciones fui julidificando la proyectora, para que cumpliera el propósito máximo, el que se persigue sin notarlo en las noches de escenografía.
Tal como la anémona, Horacio, aprendí a pergarte a ti también.
Así tal cual.
Configuré de algún modo la señal recibida a mis cableados (ya bien sabes que no se puede configurar una señal que no es de esta constelación, pero por algún momofuku relinchado se pontifizó)
Y tu esencia siguió conmigo, pequeñita, todo el transcurso de la espoleta, acompañado por ti Horacio.
Así como el huevo se trepa a la larva y deja vacío el curego, así fue como te tuve en mis cableados guardados en lo màs suculento.
Ahora que los edóneos comentan que han recibido tus señales de augurio, como la cometa más brillante en el galactoférico. Si es así Horacio, os manduro la cantara de los mejores momentos que te guardo. Con la pequeñita porota de que yo también podría ser tu anémona milenaria.
No os peludo tetera, Horacio.
Ya te escribo estas penúltimas recibirantes, con mi proyectora preparada, y mis aletas caídas por el impacto de los siglos, arrastrando los tentáculos, apenas ledesando las cuatro almas.
Y en la noche más larga del equinoccio de Capricornio, fui hasta el desierto perdido, junto al océano de cianobacterias.
Alzé la mirada, ya no me quedaban nuevas traslaciones que juntar.
Allá a lo lejos titilaba la vía láctea, que dicen que fue tu escenario, donde ocurrieron tus fantasías, donde nacieron y murieron tus sueños . Donde construiste la señal que más caló en la memetreja de todos los habitantes.
Te soñé Horacio, por última vez, en una tarde podulera, traída por un multiverso infinito. Ya sin redobles ni dudosas, porque amenizando el conjunto de toda una existencia, yo también fui todo lo que quise ser…
Guanificando las cartas en la proyectora, le giro 37 mitades a la manivela, para impregnar el paradigma establecido.
Así concluye las últimas de estas cartas que te escribo, Horacio, enfatizando la timina y con una gigante muela en la cabeza, mientras la proyectora se dirige parsimoniosamente hacia el cielo perpetuo, con destino final un exoplaneta aún no descubierto a la espera de ser encontrada alguna vez por algún otro sentimentalista pernicioso.
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domingo, 23 de diciembre de 2018
Cartas a Horacio XXV
Ocurrió en la transfiguración de una escenografía más.
Yo recordaba ser un iluso diferente, no el mismo que una vez pensó en transfusores ni en poliglobúlicos.
En la noche más silenciosa, me descubrí temblando,
Ronroneando en un letónico obtuso.
Al acercarme a mí mismo, me giré la pitillera en tres partes, y me vi interpalidando, con un susurro rupunido, confuso, que de lo único que se emanaba era : Horacio, Horacio, horacio,
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.Horacio
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Horacio
Cartas a Horacio XXIV
Qué pasa con el tiempo. Esa elibariante tutullena de un escuálido.
Dónde queda el pensamiento de un día mejor . Tan siempre mejor.
Porqué todo queda en la sinapsis, en el neurotransmisor inalámbrico que inventaron hace dos años. Por qué no ocurre en nuestro escenario,
En mis días ,
No en la maldita chubacinta.

