sábado, 22 de julio de 2023

El abrazo


Estoy a 27 constelaciones más allá de tu agujero negro que absorbe todo hasta su horizonte de sucesos;

100 años luz de espera para observar el brillo de tus estrellas, 

viajando en un océano de tiempos perdidos

de horas sepultadas

minutos que no se guardan en la memoria y pasan al vacío perpetuo.


Te envío ondas gravitacionales como muestra de mi persistencia, para que no me olvides (espero que tus localizadores puedan percibirlas).

Yo soy Andrómeda mirándote a lo lejos;

Tú eres la vía láctea, con tu caos flotando en el espacio 

tan lejos y tan cerca al mismo tiempo,

esperándonos:

tan solo nos faltan 4.5 billones de años para poder unir el polvo de nuestros sistemas solares en un abrazo eterno . 

viernes, 7 de julio de 2023

Batería al 1%



Te dejé partir como la última hoja seca del castaño de Indias en este otoño marrón y plateado.

Después de todo me di cuenta que la caída era inevitable, que no había forma de rebobinar el cassette porque la cinta estaba rayada y un tantito malherida. No porque reprodujiste una canción de forma incesante sino más bien porque el vinilo nunca lo escuchaste y se estropeó.

Así me quedé yo: como ese disco abandonado en un rincón de tu velador, incluso con la envoltura aún sellada.

Ahora te veo al cruzar la plaza, imaginándote que das vueltas en círculos por las esquinas de una ciudad fantasma. Fantasma no por estar llena de espíritus, sino que habitada por sueños otra vez rotos: 

El sentimiento de llegar nuevamente tarde 

ver partir la micro alejándose por la avenida.

A pesar de haber corrido al paradero moviendo las manos en alto el chofer te observa sosegado desde su asiento mientras aprieta el acelerador despiadadamente, como reconociendo que no es la primera vez que aguantas a la espera de un encuentro forzoso e imaginario.

Te quedas en la esquina solitaria por vez quinientas,

se apaga la luz del farol y quedas en la más tranquila de las oscuridades.

Intentas pedir un taxi en tu teléfono para volver a casa antes del toque de queda, pero se te agota la batería.

Allí te quedaste plantada una vez más, echando raíces en un paradero ordinario de Ñuñoa y con el cayado aórtico apunto de estallar en cualquier momento en tu caja torácica.

jueves, 22 de junio de 2023

La momia, el dinosaurio y la superheroína


Hay promesas que se tardan en cumplir, así como hay sueños que se demoran en generarse en nuestra corteza cerebral. Tal como una flor que se mantiene dormida en la tierra durante 22 años para volver a brotar y erigirse estoicamente en medio de un pavimento inhóspito. Y para lograr alzarse orgullosa y multicolor, no fueron pocos los augurios que se tuvieron que atravesar (dicen que la felicidad es dura de atrapar). Aún quedan los escombros de batallas contra dinosaurios y dragones en medio de este callejón imaginario que algún día fue el mundo entero. El sonido de nuestras risas aún se repite en cada esquina, sobre todo en las madrugadas más calurosas, cuando nos quedábamos despiertos sin poder dormir sentados en el puente mirando hacia el castillo sobre la colina: si escuchábamos con cuidado se podía oír aún el ronroneo de las motocicletas que antes rugían estrepitosamente en el interior del bosque. 

Desde lo alto podíamos observar las pequeñas criaturas que inventábamos para poder escaparnos de los ruidos de las llamas bullendo sobre la ciudad:

un gato saliendo del sombrero que comía manzanas verdes con caramelo;

robots que se transformaban en guerreros motorizados;

diminutas figuras de colores saltando de un lado a otro para llenar la noche oscura de auroras boreales;

superheroínas con poderes electrizantes a quienes vitoreábamos con un fervor enardecido. 

La momia sentada a nuestro lado nos recuerda también las desdichas de los ríos torrentosos que empapaban todo aquel que osara cruzarlos en una balsa circular. 


Ahora que las cenizas han decantado y escapamos de los calabozos, ahora que somos los adultos en que nos hemos convertido, con nuestras responsabilidades y horarios que cumplir, miramos de vez en cuando esas callecitas escondidas en nuestra memoria, porque a pesar de todos los demonios internos y monstruos durmiendo debajo de nuestras camas, no dudábamos en ningún momento en que esa vida era la única que teníamos y debíamos recordar cada momento para hacerlo nuestro en lo más profundo de nuestras entrañas. Ya que cada vez que los dinosaurios se volvieran a arrancar y los dragones retornaran a sobrevolar los lóbregos cielos, tendríamos la opción de volver a ser esos niños y niñas que vencían todo con la imaginación, cuando el tiempo aún estaba de nuestro lado para seguir soñando.

Así que en este atardecer aterciopelado contemplamos nuevamente nuestro mundo desde lo lejos, las montañas se reflejan ondulantes en el agua. Con el sol abrasador despidiéndose en el horizonte, nos tomamos de la mano jurando que el recuerdo de días mejores llenos de lentejuelas nos acompañará cuando la noche sea oscura y sombría como ninguna.



Orlando-Pittsburgh junio 2023


miércoles, 21 de junio de 2023

final de viaje

Todo ocurre a través de ti como viene ocurriendo hace 34 segundos, desde tus quince años y desde eso ya han transcurrido 2300 millones de minutos.


No importa cuan oscura sea la noche, la luz va viajando incesante por el espacio, buscando maneras de transportarse.

Señales de vida llegarán desde otras galaxias,

de aquellos que corrieron mejor suerte que nosotros. 


No quiero dejar triste el camino

ni llenar de lágrimas la galaxia.

Las estrellas no nacieron para ello. 

Tal vez lo hicieron, pero teniendo en cuenta el infinito reloj del tiempo ¿qué importa  a estas alturas?


Llegaremos al confín de todo;

nos encontraremos al momento de dar el salto,

estaremos en la orilla del tiempo

con millones  de seres al borde de un precipicio.

Yo estiraré el cuello

como suelo hacerlo de vez en cuando

y te veré un par de filas hacia la derecha. 

Levantaré mi mano en son de saludo

y tú me mirarás como diciendo:“el tiempo que vivimos fue de lo mejor”

y yo interpretaré en tus ojos un “quizá siempre, tal vez después”,

cuando el después era ese precipicio oscuro

y tras nuestro ya venían plegándose unas sobre otras todas las dimensiones que conformaban este precioso,

este maravilloso, bien digo,

universo que un día inventamos.

*


domingo, 28 de mayo de 2023

Tenebroso ADN

 Todo cambió

para mal o para bien.

Todo cromosoma mutó

en un fugaz entrecruzamiento 

de ácidos desoxirribonucleicos.

Ya no éramos los mismos

no éramos los mismos de antes 

y no nos habíamos dado cuenta

cuenta aún no nos dábamos.


Cambiaron los minutos,

cambiaron las horas.

Los días cambiaron 

las semanas cambiaron.

Todo se traslapó

y era ahora tan diferente.


La piel en tu carne,

el pensamiento en el cerebro.

el sueño y la gloria,

la tristeza y melancolía,

todo era lejano a lo que un día fue.


La transición fue pausada,

lentamente fue ocurriendo,

en silencio fue plasmando 

y con sigilo dejando las marcas 

a lo largo de la historia.


Ahora no somos los mismos,

los mismos ya no somos de antes,

de los mismos antes ya no somos.

Somos como el viento que erosiona

en mil años las montañas

dejando lúgubres formas en las rocas.

sábado, 13 de mayo de 2023

El espíritu de la Leona

 ¿Existe aún la magia en las cosas cuando uno ya se ha convertido en adulto? 

Me preguntaba mientras entraba al sendero de los espíritus en la reserva Biológica del Huilo Huilo. Quizá nunca existieron las hadas o más bien los duendes eran personas comunes y corrientes como uno. Quizá es cosa de perspectiva, de mirar una piedra y solo ver una roca compacta e inerte, o en vez de eso darse cuenta que en ella asoma el atisbo de una figura, que bien podría ser una pequeña criatura de fantasía, que cuando nadie le ve salta a la vida y recorre los rincones del bosque, observándonos en silencio escondida entre las raíces de los ruiles.

Entre estas interrogantes me encontraba siguiendo el sendero demarcado que llevaba a la bienvenida de una pareja de Chemamüll, quienes recibían a los que se adentraban al bosque con una postura apacible contemplándoles desde la altura.

A lo largo del camino enlodado aparecían una seguidilla de otras figuras de madera aludiendo a deidades animalescas que había que encontrar observando con detención, pues se perdían en los más recónditos rincones y desvíos, por lo que era sencillo pasarles por alto. 

El sendero era agradable, pequeños pajarillos se escuchaban cantar desde lo alto de las copas, la lluvia de la tarde se dejaba caer fina pero constante, como recordándonos que estábamos inmersos en el sur de Chile. Paseo necesario para despegarse de las telarañas urbanas de la semana, lejos quedaba el ruido de la ciudad y las responsabilidades de lo cotidiano.

Sin notarlo, unos pasos seguían mi andar, hasta que a mi lado se mostró el espíritu de la Leona transformada en perrita que al parecer quería acompañar mi recorrido. Ahora bien escoltado, decidí guiar el camino por el instinto, cerrando los ojos de vez en cuando para grabar en la memoria el sonido de la lluvia cayendo desde lo alto, buscando su camino entre hojas, ramas, helechos, cetas y enredaderas antes de caer al suelo. 

Quizá fue en ese momento que tomé el camino equivocado, una ruta perdida y sin señalética que demarcara un destino en particular. Abundaban las maderas roídas por los años, caudales drenados donde antaño cascadas surcaban su trayecto montaña abajo. 

El espíritu de la Leona despareció de pronto, yéndose tan sigilosamente como llegó. Miré el reloj en el teléfono y habían pasado un par de horas en lo que parecía una caminata de apenas unos minutos. Seguí a paso más rápido, la noche se estaba asentando y más figuras de madera aparecían entre los árboles o debajo de una pequeña cueva formada por un tronco derrumbado. La lluvia comenzó a hacerse más intensa, el cortavientos ya no ayudaba a mantenerse seco y gotas de agua fría se colaban desde el cuello hasta la espalda.

A medida que las sombras se hacían cada vez más extensas, el corazón me palpitaba con celeridad, debía de volver al hotel cuánto antes. En ese instante de premura, como respondiendo a la retórica de la existencia de la magia, comenzaron a aparecer seres luminosos del tamaño de una luciérnaga, desde dentro de los huecos de los troncos arrugados, iluminando con un tenue destello azul el bosque, llenando de un manto etéreo todo cuanto alrededor se mirase.

Apenas observando por dónde me dirigía, me detuve en seco cuando sentí que algo me agarraba de un brazo. Al comprender lo que era, corto fue el instante para reaccionar  antes de que la rama se comenzara a enredar a lo largo de mi brazo, cuando otra desde los pies se propagaba de igual forma. Allí me quedé perplejo tratando sin éxito de zafarme, mirando horrorizado cómo la naturaleza me sostenía entre sus brazos escabrosos. De a poco perdía la movilidad de mi cuerpo, algo desde la médula se bloqueaba y una pequeña corriente recorría cada nervio de mi cuerpo, solidificándolo. Veía cómo mi piel cambiaba lentamente a un color marrón resquebrajado y poco después comprendía que me transformaba en madera, sólida y pétrea madera milenaria, que endurecía mis articulaciones y ligamentos. Sentía el cosquilleo  desde adentro al aflorar los hongos y el musgo que se asomaba entre medio de las grietas que se abrían entre la carne que ya no era carne , sino que era tan sólo leña mohosa y derruida.

Antes de que se me nublase la mirada pude distinguir con el rabillo del ojo las siluetas de seres pequeños que despertaban desde varios rincones del bosque. En pequeños grupos se iban acercando, guiados por una figura felina que lideraba la parsimoniosa marcha y que apuntaba con una de sus garras hacia donde yo me encontraba cristalizado. Supe pero sin posibilidad de confirmarlo que eran los espíritus que deambulaban por entre los árboles, que realmente vivían en el bosque y que yo me convertía sin quererlo en una figura divina de madera inventada por ellos para venerar y encomendarse, para caminar los fines de semana por el bosque y así olvidarse de su fastidiosa rutina de magia, hechizos y conjuros.

Huilo huilo, abril 2023.




viernes, 12 de mayo de 2023

lo que tú de mí de yo para ti

Como que tú eres para mí,

lo que no eres pa’l resto.

Esas palabras que ansías decir

el pensamiento dando vueltas en la cabeza,

5:53 de la madrugada.

Como que tú eres para alguien

el deseo inconcluso

la película no terminada

el libro sin final feliz.

¿Y qué seré yo para ti?

En la penumbra de un rincón

en el asiento trasero del cine independiente.

Ese punto a la izquierda de todo

desapercibido del mundo

sin huella plasmada,

sin rastro que perseguir.


¿Sos ahora mejor que ninguno?

Común denominador de efectos colaterales 

domingo, 26 de marzo de 2023

lucero




No estás más allá del lugar donde deberías estar.


Estás exactamente donde las piezas encajan,

en la dirección correcta del andén donde el tren debe recogerte,

a tiempo para alcanzar a ver el atardecer en la costa del Pacífico, justo en el instante previo a que el sol se esconda hasta un nuevo día.


No estás en el andén de enfrente;

No estás en la costa del Atlántico;

No estás fragmentada por dentro

por muy pequeñita que te sientas:

estás completa 

pero algo despistada.


No es que tu mirada esté nublada,

es que el día amaneció azulado, atestado por una espesa niebla. 

Y entre esa bruma distingues a lo lejos el haz de luz del faro que desde siempre te ha guiado, 

por entre las noches más oscuras,

naufragando en islas en medio del mar,

navegando a la deriva.


No es que no escuches,

son las bocinas de los automóviles haciendo ruido en las calles abarrotadas las que enmudecen el dulce canto de los pajarillos en las copas de los árboles, afuera de la ventana de tu departamento.


No eres la sombra de alguien más y

jamás lo serás;

Eres la estrella que más brilla en el cielo de noche, pequeño queda Betelgeuse a tu lado. Y a pesar de que no muchos lo noten sucede que justo antes del amanecer pasas a ser un lucero más cegador que Venus en todo su esplendor, aunque solo algunos pocos lo logran vislumbrar.